Mar abierto
La ansiedad todavía habla.
No grita.
Pero levanta tormentas pequeñas
dentro de mi pecho.
Dice:
Ten cuidado.
Dice:
Esto ya lo has visto antes.
Dice:
Protege tu corazón.
La escucho.
Pero no la sigo.
Estoy de pie junto a la ventana.
El mar respira azul
como si supiera algo
que yo todavía no entiendo.

Las olas no preguntan
a dónde van.
Simplemente avanzan.
Durante años creí
que mi mente era un oráculo.
Que si escuchaba bien
podría evitar el dolor.
Pero esta vez
algo es distinto.
La tormenta habla...
...y el mundo
no se rompe.
El miedo predice naufragios
que nunca llegan.
Y en el silencio entre dos olas
comprendo algo simple:
la incertidumbre
no es peligro.
Es mar abierto.
No sé
qué será de nosotros.
No sé
si esta calma crecerá
o si el viento cambiará.
Que será, será.
El futuro
no me pertenece.
Pero el horizonte
sigue allí
esperándome.
Y por primera vez
no intento controlarlo.
Solo respiro.
Y dejo que el mar
me lleve
donde tenga que llegar.





